
Luces y resonancias: La barbarie que nos parió
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En alguna ocasión afirmó Francisco Herrera Luque: “Aquí nunca sucede ni sucederá nada. Este es un país quieto, demasiado quieto, que a veces despierta, pero que de inmediato se vuelve a dormir”. No estoy seguro –y perdóneseme el uso de la primera persona, pero el tema toca profundo– de que la Venezuela actual, sumergida en lo que el estamento del poder llama “revolución”, haya despertado. Y si así fuera, ¿podríamos estarlo en los términos en que lo planteó el autor de una obra capital de la literatura histórica venezolana: Boves, el Urogallo?
José Tomás Boves es un personaje confuso en la historia del país. Penumbroso. Difícil de delimitar por la pulsión interior, personalísima, que lo llevó a comandar un ejército de desposeídos, de negros, indios y pardos que, paradójicamente, defendieron, en la segunda década del siglo diecinueve, la corona española, esa misma que estableció castas sociales e instauró toda clase de injusticias.
Me pregunto, entonces: ¿han despertado los relegados de siempre o, como ocurrió con Boves, uno de ellos ha tomado el liderazgo para movilizar a los venezolanos de hoy en un proceso que pareciera tener su génesis en sentimientos como la venganza y el odio? ¿En la ausencia de ética?
Afortunadamente, a esa pregunta no pretende responder la más reciente película de Luis Alberto Lamata, Taita Boves. Y digo afortunadamente porque soy de los que piensa que el mayor de los errores de los venezolanos ha sido el de esperar que otros respondan por nosotros. Nos toca responder a cada uno.
Historiador antes que cineasta, o más bien, cineasta fascinado por la Historia, el también director de cintas como Jericó (1990) y Desnudo con naranjas (1996) sabe que el balance definitivo de los hechos que determinan nuestro presente aún está lejos de completarse, de concluirse, si es que algún día eso llegara a hacerse.
Taita Boves recorre la vida del hombre que llegó a ser considerado el primer caudillo de Venezuela, pero no con ánimo didáctico, sino desde la búsqueda de una alegoría visual y narrativa cuyo tono orgiástico remita constantemente a las incertidumbres del presente. Aprender el pasado para aprehender el presente.
Lamata pone en escena, con pulso firme y ritmo trepidante, el festín de violencia y muerte que fue la Guerra de Independencia, gesta que ahora retoma, por motivos muy distintos a los de la liberación del dominio español, la clase política dirigente.
Sin embargo, el hincapié de Taita Boves, como el de la obra literaria en la que se inspiró, está en la radiografía de una época en la que la ética estaba supeditada a las pasiones de sus hombres y mujeres, notables y anónimos, todos sobrevivientes de las batallas que se libraban en llanuras, costas y montañas, pero también en el interior de pequeños círculos sociales en los que reinaban las deslealtades, los intereses más mezquinos, la hipocresía, las traiciones y los crímenes más atroces. Una época sin ley ni religión.
Lo que nos ofrece en el cine Luis Alberto Lamata es otra cara del siglo diecinueve venezolano, no la idealizada por la Academia, sino la que el arte ha logrado sustraer del mito para desnudar en su dimensión más humana.
En cierta forma, en este nuevo acercamiento al país que somos, Taita Boves adquiere las dimensiones de un filme antibélico, pues sus secuencias más brutales no hacen más que confirmar que en la Venezuela independentista no existían más valores que la animalidad, el misticismo aberrante y el más abyecto individualismo.
Un fresco de la decadencia nacional que encuentra en el rostro del actor Juvel Vielma (Boves), su expresión más perfecta y convincente. En términos generales, el elenco cumple con su cometido, el sonido sorprende por su altísima calidad, la fotografía de Alejandro Wiedemann resalta la crudeza de la época recreada, y la música de Francisco Cabrujas aporta un sentido operístico al aquelarre de sangre, grandezas y vilezas del que surgió la república.
Luis Alberto Lamata ha vuelto a acercarnos a la Historia con una obra que subyuga e hiere, pero que, sin duda, invita a pensarnos.
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SINOPSIS
José Tomás Boves fue un joven asturiano que de humilde marinero por el mar Mediterráneo llegó a ser un pirata en el Caribe. Sus negocios ilícitos lo llevaron a una cárcel de Puerto Cabello, pero luego hicieron de él un próspero comerciante de telas en Calabozo, donde irónicamente permaneció apresado para cumplir su condena. El huracán de la Guerra de Independencia, las diferencias de clases y las vejaciones, alimentaron la venganza del que sería el primer caudillo de Venezuela, el “blanco asesino del blanco”, el “taita” y jefe indiscutible de una tropa popular de negros, indios y pardos. Taita Boves es un personaje desmesurado, de los que truecan la realidad en mito y entran en la historia con sangre para navegar sobre ella, dejando una estela a la vez trágica y conmovedora.
Título: Taita Boves
País: Venezuela
Año: 2010
Duración: 100 minutos
Dirección: Luis Alberto Lamata
Guión: Luis Alberto Lamata, libremente inspirado en Boves, el Urogallo de Francisco Herrera Luque
Producción general: Luisa de la Ville
Producción ejecutiva: Villa del Cine y Jericó Films
Dirección de Fotografía: Alejandro Wiedemann
Sonido: Mario Nazoa
Música: Francisco Cabrujas
Dirección de Arte: Ernesto Solo
Vestuario: Patricia Busquets
Elenco: Juvel Vielma, Antonio Delli, Alberto Alifa, Daniela Alvarado, Luís Abreu, Gledys Ibarra, Dimas González, Pedro Durán, Héctor Manrique, Marcos Moreno, Lourdes Valera y Basilio Álvarez, entre otros
Página web: www.taitaboves.com; www.jericofilms.com
Estreno: Trece de agosto de 2010



Hoy salí del cine esperando que Juan Antonio González la comentara. Muy acertado todo lo que dices. Me gustaron mucho los colores. La actuación de Vielma es sorprendente, se impone. Comentaba con mi amiga que quizás nos hubiera gustado ver más negros en pantalla. Digo, tratándose de quien se trata y por la historia que se cuenta. Hay muchos morenos, pues. Confieso que no he leído Boves, el Urogallo, pero sin duda que esta peli te invita a hacerlo. Hubo un par de cosas que no entendí, pero eso no la desmerita. En fin, que me gusto la película y que me gustó esta columna.
Chico, y por ahí acabo de leer que Juvel Vielma es barinés! “Calidá”, dirían en mi pueblo.
Hola buenas noches, vi la pelicula. Y quedé impresionada: Juvel Vielma es de Socopo Edo. Barinas. Estudió conmigo, de verdad es de admirar ese compañero de estudio, hoy es todo un actor, qué bien. Eso es lo que necesitamos en esta Venezuela que nos la tienen destruida. Juvel que orgullosa estoy de tiii! cuidate y pa’ lante es pa yaaaaaa. un beso, es Ruby Castro