GUSTAVO CERATI

El dios que no es Cerati

Esta es la historia de una libélula. O, mejor, un retrato del ex vocalista de Soda Stereo en la mirada de una fanática venezolana de treinta y tres años que fue a sus dos presentaciones cuando visitó Caracas en noviembre de 2006, en los conciertos previos al recital inolvidable del 15 de mayo de 2010 en la misma ciudad. La fan lo siguió hasta la rumba postconcierto y le entregó un regalo. Esta crónica fue publicada hace tres años en la primera edición impresa, la primera de todas, de Marcapasos · POR     FOTO: GREGORIO MARRERO

Si uno no es fan de alguien o de algo,

para qué seguir

Alberto Fuguet

¿Sabrá ella que el segundo apellido de Gustavo Cerati termina donde empieza la identidad secreta de Superman? Claro. Gustavo Adrián Cerati Clark. No es hijo de Jor-El ni viene del lejano planeta Krypton; de hecho, nena, no es un superhombre, pero ella, de treinta y tres años, le ha hecho un altar desde hace veinte. Ya a los doce se escapaba para asistir a los primeros conciertos que daba Soda Stereo en Caracas. El grupo argentino paladeaba entonces los primerísimos frutos regionales de su éxito, cuando logró poner en boca de miles de latinoamericanos las exquisitas líricas de un Cerati que estuvo en la guitarra al mismo tiempo que en la voz, con unas dotes musicales que en su niñez le alcanzaron hasta para dirigir el coro de una iglesia.

Hoy, de alguna forma, dirige su propio templo, aunque sin pretensiones de endiosarlo más allá de su argentina condición. Incluso más allá de Soda Stereo. Entre sus fieles se encuentra esta mujer venezolana, que se prepara para el concierto de esta noche de noviembre de 2006 con la ceremonia propia de la seguidora añeja, esa a la que ya no le interesa lanzársele encima a su ídolo y besuquearlo o rasgarle la camisa con el único objetivo de quedarse con un trozo. Ella más bien tratará hoy de conectar una vez más con esas letras que la resucitan –“vamos despacio/ para encontrarnos/ el tiempo es arena en mis manoooos”, tararea todo el día ese extracto de “Un lago en el cielo”– y, si tiene suerte, quizá, dejará una modesta impronta en su diario personal: quiere respirar un poco de su propio aire, de pronto entregarle un regalo, mirar cómo es, de nuevo, el ser de carne y hueso. Pero no con la precisión del observador científico: no le interesa comprobar que el tiempo pasa sobre todos y sobre todo, porque sabe que Gustavo Cerati es, a ratos, un hombre. Uno de cuarenta y seis años.

Y ese hombre hoy demostrará que su habilidad para explorar la música, en cualquiera de sus formas, jamás le robó la esencia. Ha sido electrónico, sinfónico, lo que quieran, pero es y será rockero. Punto. Esta noche lo dirá de nuevo. A pesar de sus caras de cansancio, Gustavo Cerati nunca ha expresado abierto fastidio ante las tantas veces que le preguntan por Soda Stereo: sabe que nadie en su sano juicio muerde la mano que, además de haberle dado de comer por quince años, lo hizo pasar a la historia. Fueron catorce discos –siete de estudio, el resto remezclas y grabaciones en vivo– y decenas de conciertos, millones de personas aplaudiendo ese sonido rocoso y acariciante que dejaba las burbujas de soda en la cabeza.

Ella se toma su tiempo. El ritual comienza con su salida del trabajo, varias horas antes del concierto. Ya ha fastidiado lo suficiente a los colegas durante todo el día (“¡Cállate, coño!”, le respondía el amigo fotógrafo). Unos jeans pescadores y zapatillas, coronados con el toque maestro de una camisilla negra que deja los hombros al descubierto, comprada para la ocasión; eso es lo que se pondrá. La cartera que mandó a hacer con la cara de su ídolo no estuvo lista: los forros de plástico para proteger la imagen no llegaron a tiempo, pero es el único detalle que quedó fuera del plan. Tiene tickets para el concierto de hoy y para el de mañana también. Un par de tragos en un bar cercano, con unos amigos, sirven para calentar. No hace filas largas de más, no se estresa, está cerca de la apoteosis dos horas antes de que ésta ocurra. Así calcula su locura.

Con Ahí vamos (2006), su último disco, Cerati recuerda que es un guitarrista de excepción. A unos cuantos se les había olvidado. El último concierto de Soda Stereo –1997– no fue, ni mucho menos, el fin de su carrera. Ya había tomado el camino de solista, no sólo con su disco Amor amarillo, editado en 1993, sino con otras cadencias, más electrónicas, que ensayó en conjunciones musicales con la tríada chilena Plan V, en 1996. La experiencia se extendió luego al disco Plan V Black Dog (1999), para el que el grupo chileno y la banda británica Black Dog se unieron y produjeron con el argentino sonidos más secos pero siempre sugerentes. Aunque nuestra fan cree que el poder creativo de Cerati jamás contará con un sonido como el que le proporcionaba su sociedad con “Zeta” Bosio y Charly Alberti (bajo y batería de Soda, respectivamente), admite que la asunción sin complejos de otros caminos musicales, fuera de ellos, produjeron en él la chispa suficiente para crear un disco como Bocanada (1999), su mejor creación pop-electrónica hasta la fecha. No es poca cosa que en los agradecimientos del disco mencione la influencia de Jorge Luis Borges, Horacio Quiroga y Alejandra Pizarnik; se notan los hilos poéticos de esos monstruos. “Si nada mío habla por mi boca… entonces no hagas caso”.



comentarios

3 comentarios sobre “El dios que no es Cerati”
  1. Pamela says:

    OHHHH ME ENCANTÓOO….QUÉ BONITO QUE HAYA USADO TU PRENDEDOR…SIN DUDA PERFECTO PARA UN ROCKSTAR, Y GUSTÁNDOLE COMO LOCO LAS LIBÉLULAS…ME ENCANTÓ TU FORMA DE REDACTAR, ESTÁ DE 10!!

  2. Grace says:

    ¡Excelente! No cabe otro calificativo para este trabajo. Hoy estamos en abril de 2011, con el ídolo todavía dormido. Tal vez la esperanza de que vuelva a ser como lo relata esta crónica, sea poca, pero bueno, le aportó magia al universo a través de su música.

  3. juan says:

    Muy buen artículo sí señor… ciertas cosas reflejan la realidad de uno como fan, que a veces se olvida que el músico igual es persona… Qué buenos artículos en esta revista de detalles musicales que nunca encontraré en una revista de Moda.. Saludos :)

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