Dos panes -sin bolsa- por favor

Conseguir pan en Venezuela cuesta. No sólo hay que invertir suela para recorrer varias panaderías sino unos cuantos “soberanos”, como llaman ahora a la moneda nacional. Es decir, varios millones de bolívares de los de antes. Desde la reconversión monetaria, muchos se llevan sus panes debajo del brazo o dentro de la cartera después de dos horas de cola. Pero mientras sale la “canilla” o el “campesino” siempre hay chance para una buena conversa. Otra estampa de #EstoEsCotidiano

En una panadería de Caracas, cerca de Los Símbolos, una mujer alza la voz para comenzar una conversación y aprovechar la hora que durará en esa cola:

—Yo siento que estoy más flaca, me hace falta la carne.

—Claro que no, chica. No la necesitas porque mira a los vegetarianos, no comen carne y ninguno se ha muerto. Sale hasta mejor, tu no necesitas carne porque así te evitas el virus de la vaca y eso sí es peligroso.

—Pues no sé. A mí me gusta la carne pero ponte que lo del virus y eso sea verdad, ajá ¿qué vamos a comer? Todo está caro, hasta el pan.

—Es que uno es muy gafo porque el pan es un antojo y si uno saca la cuenta sale mejor comprar un kilo de yuca. Uno mismo se hace el daño, hay que evitar tantos gastos. Y para qué hacemos esta cola si en la otra esquina venden verduras.

—Seis panes, por favor— dice un señor que carga la tarjeta de débito y la cédula en la mano.

La vendedora saca dos bolsas plásticas y las llena con tres panes cada una. El hombre las agarra y se dirige a la caja.

—Las bolsas también se cobran.

—Ay, no me digas eso. Tengo el dinero exacto para los panes.

—¿No trajo nada que le sirva para meterlos ahí?

—¿Para qué me iba a traer algo si aquí deberían tener las bolsas como siempre? Coño, qué vaina. No me vayas a cobrar las bolsas, yo me llevo esos panes en las manos.

—¿Seguro?

—¿Y qué más voy a hacer si no tengo dinero? —dice el hombre que duró hora y media en la cola esperando que sacaran una nueva bandeja de pan en una panadería ubicada en la avenida Victoria. Guarda su tarjeta y su cédula, dobla las bolsas, las devuelve y trata de agarrar seis panes con sus dos manos y meterlos bajo sus axilas.

—Un pan campesino, por favor.

El hombre detrás del mostrador busca una bolsa negra y mete el pan. Lo agarró y caminó hasta la caja para pagar. La cajera me pregunta si la bolsa es mía, le respondo que no.

—¿Estás segura que quieres pagarla?

—Pero no traje ninguna.

—Pero puedes meter el pan en tu bolso. El pan cuesta 35 bolívares soberanos— sin la nueva reconversión monetaria estaríamos hablando de 3.500.000 bolívares fuertes —y la bolsa te vale 20, con eso completas para otro. Piénsalo.

Es probable que en tres días el precio del pan aumente al igual que la bolsa. El pan durará dos días pero la bolsa puede resistir varias semanas si la uso sólo para guardar lo que compre en esa panadería…

—Bueno, no me cobres la bolsa— la cajera me ve como si me estuviese salvando la vida.

Volteo y observo la lista de precios que en una semana será cambiada: pan campesino BsS. 35, pan gallego BsS 40, pan andino BsS 80, bolsa pequeña BsS 20, bolsa grande BsS 30. (Hoy, dos semanas después, esos precios aumentaron casi e ldoble).

—¿Ahorro o corriente?

Hace dos años no vendían las bolsas. Hace un año había escasez de harina de trigo y levadura, sólo vendían dos panes diarios por persona y era necesario hacer una cola de aproximadamente dos horas. Ahora la panadería tiene pan pero no hay gente.

—Para la próxima no salgas sin bolsa, ya nadie las regala y así te ahorras dinero.

En el bolso cargo una carpeta, dos cuadernos, una cartuchera, un pan campesino sin bolsa y el monedero.

*

Son las doce del mediodía. Una mujer pequeña de unos setenta años saca una bolsa plástica de su cartera y la pone sobre el mostrador de una panadería en Las Acacias. Aquí venden pan una sola vez al día. La mano derecha recrea el símbolo de la paz y la boca suelta un “dos panes, por favor”. La señora recibe los panes, los toca, los huele, suspira y se queja:

—Dos horas llevando sol en la calle para tener que comprar dos panes fríos y duros. ¡Esto sí que da dolor!

—Bueno, quién la mandó a votar por quien no debía hace tanto tiempo —dice un hombre con acento portugués que intenta ocultar una sonrisa.

—¡Ay, joven! En su vida me vuelva a decir eso, ¿oyó? Ni se le ocurra repetirlo porque yo no voté por ese ser y eso es de lo único que no me arrepiento. Yo todavía detesto a ese que está en la quinta paila del infierno y aún espero que esos de su grupo que siguen respirando paguen por esto. Quiero que paguen por nuestro sufrimiento porque tener que pasar horas haciendo colas para comprar un pan frío y duro es una tortura.

Dos horas en una cola porque venden el pan menos caro de la zona. Aun así es un pan con harina de trigo, levadura e hiperinflación. Según el nuevo informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Venezuela cerrará este año con una inflación de 1.370.000%, por eso no podemos salir sin bolsas.

El precio del pan salado está regulado desde 2016, por eso es tan difícil conseguir una canilla en el país. La Federación Venezolana de Industriales de Panificación y Afines (FEVIPAN) afirma que una panadería necesita aproximadamente 120.000 toneladas de harina de  trigo mensuales para cubrir la demanda local. En el año 2017, las 8.000 panaderías del país sólo estaban recibiendo 30.000 toneladas por parte del gobierno nacional, según fuentes del sector. Entonces, el costo del producto está por debajo del costo de producción. Eso explica por qué hay panaderías que ya no venden pan.

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