¡Epa, tú, movilné!

En el Diccionario de la Real Academia Española se lee “telefonista”. Eso es lo correcto. Pero en el glosario que se escribe en la calle lo que hizo Marjorie Delgado fue ser telefonera. Los puestos de alquiler de teléfonos celulares se han perfilado como los sustitutos de los viejos teléfonos de cabina. Son la salvación de cualquier cristiano sin saldo para llamar (que son muchos), a un bolívar fuerte por minuto. A principios de la década, el negocio era tímido. Luego se convirtió en un boom. Paradas tentadoras de las esquinas de las ciudades, diversificadas de los teléfonos a las chucherías y cigarrillos al detal. Hoy, al menos en algunas zonas de Caracas, los telefoneros -en su mayoría telefoneras con buen escote y tumbao- no pueden estar en cualquier parte. Son nómadas obligados, errantes a razón de la ley de la calle, que siempre, siempre, es dura.

Comments

  1. Qué odisea. Con todo ese recorrido, quedé sin aire!

  2. ¡Marjo, escogiste un oficio muy cansón!

    ¡Alexandra, hay fotos geniales!

    Las felicito. Un besito.

  3. Janina Vernal says:

    Me encantó tu reportaje, Marjorie. Es muy interesante, uno no se imagina qué tan difícil es ese trabajo de telefonista, es demasiado arrecho… Sobre todo si muestras este video a gente de aquí, Alemania, país en el cual vivo y que no se imagina ni soñando que puedan existir cosas así. De verdad que muy bien hecho, qué sigan adelante mostrando al mundo la vida de las calles de Caracas.

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